Arabia Saudí apuesta por la energía solar: los mayores proyectos de 2026

Arabia Saudí y sus megaproyectos solares 2026

Arabia Saudí está dejando claro que su transición energética no es un gesto de imagen ni una promesa lejana. En 2026, el reino aparece como uno de los mercados solares más agresivos del mundo por tamaño de proyectos, velocidad de adjudicación y ambición industrial. La clave no está solo en añadir megavatios, sino en cambiar la lógica de un sistema eléctrico históricamente ligado al petróleo y al gas hacia una combinación donde la fotovoltaica gane peso real dentro de la red nacional. Esa transformación se apoya en el Programa Nacional de Energías Renovables, en el liderazgo del Ministerio de Energía y en el papel financiero del Public Investment Fund, que ha convertido la energía limpia en un eje directo de Visión 2030.

Lo más llamativo de 2026 no es una sola planta, sino el cambio de escala. Arabia Saudí ya no habla de proyectos piloto ni de parques medianos para demostrar que el desierto tiene sol de sobra. Ahora firma paquetes de varios gigavatios, baja los costes a niveles muy competitivos y construye una cartera en la que conviven activos ya conectados, proyectos en obra, cierres financieros recientes y nuevas adjudicaciones que preparan la siguiente ola. Esa mezcla convierte 2026 en un año bisagra: todavía no es el punto final del despliegue, pero sí el momento en que la energía solar saudí deja de ser una historia emergente y pasa a comportarse como una estrategia industrial de gran potencia.

El salto de escala: por qué 2026 marca un punto de inflexión

La señal más clara llegó con los nuevos acuerdos firmados en 2026 por la Saudi Power Procurement Company. Según la agencia oficial SPA, esos contratos elevaron a 21 el número de proyectos adjudicados dentro del programa renovable del reino, con una capacidad total de 19 GW. De ese conjunto, 7 proyectos con 4,1 GW ya están conectados a la red, 8 proyectos con 8,2 GW están en construcción y 6 con 7 GW se encuentran en fase de cierre financiero. La cifra importa porque demuestra que el sistema saudí ya no depende de anuncios aislados: dispone de una cadena continua de activos en distintas fases de desarrollo.

El objetivo político que sostiene esta aceleración también es muy claro. Arabia Saudí quiere que las energías renovables aporten aproximadamente el 50 % de la mezcla usada para producir electricidad en 2030. Dentro de ese marco, PIF ha dado mandato a ACWA Power para desarrollar el 70 % de la capacidad renovable objetivo del país. Esa estructura explica por qué los anuncios se suceden con tanta disciplina y por qué los grandes proyectos solares no aparecen como iniciativas dispersas, sino como piezas de una cartera coordinada entre Estado, fondo soberano, comprador principal y desarrolladores nacionales.

También hay un factor económico que vuelve especialmente interesante el caso saudí. Los proyectos fotovoltaicos adjudicados en el reino están registrando costes nivelados de energía extremadamente bajos, en algunos casos por debajo de 1,3 centavos de dólar por kWh. Eso no significa que todo el sistema sea simple ni que los riesgos hayan desaparecido, pero sí muestra que Arabia Saudí ha logrado combinar radiación solar excepcional, grandes extensiones de terreno, acceso a capital barato y modelos de contratación muy competitivos. En un mercado global donde el coste de la energía determina buena parte de la política industrial, esa ventaja pesa tanto como el volumen de capacidad instalada.

Los proyectos gigantes que dominan la conversación en 2026

Si hay una planta que simboliza la nueva escala saudí, esa es Bisha. El proyecto, ubicado en la región de Aseer, fue incluido entre los acuerdos firmados en 2026 con una capacidad de 3.000 MW. Junto con Humaij, es uno de los mayores proyectos solares anunciados en la nueva tanda y confirma que el reino está entrando en la era de las plantas de tamaño casi continental. Ya no se trata de grandes parques por estándares regionales, sino de complejos cuya magnitud los coloca entre los referentes globales del sector fotovoltaico.

Humaij, en la región de Medina, también suma 3.000 MW y comparte ese papel de punta de lanza. Que dos proyectos de este tamaño avancen al mismo tiempo dice mucho sobre la ambición saudí. No es un despliegue centrado en un solo polo geográfico, sino una expansión más distribuida, pensada para reforzar la red nacional desde distintas regiones. El hecho de que ambos proyectos mantengan costes muy competitivos revela además que el país no está pagando una prima desproporcionada por construir a gran escala. Está convirtiendo la escala, precisamente, en una herramienta para abaratar.

A esos gigantes se suman Khulis, con 2.000 MW en la región de La Meca, y los proyectos Afif 1 y Afif 2, ambos en la región de Riad, con 2.000 MW cada uno. El resultado es un paquete fotovoltaico de 12.000 MW dentro de la ronda anunciada por PIF en 2025 y confirmada por los contratos posteriores, integrado en una cartera total de 15.000 MW si se añaden los activos eólicos asociados. Esta cifra explica por qué Arabia Saudí se ha ganado un lugar tan visible en la conversación energética internacional: pocos países son capaces de movilizar paquetes renovables de este tamaño en una sola fase.

Pero 2026 no se entiende solo por los acuerdos más recientes. También pesa mucho la cartera heredada de la ola anterior, que sigue definiendo el presente. Shuaibah, por ejemplo, es uno de los nombres esenciales del mapa solar saudí. ACWA Power identifica allí dos plantas: Al Shuaibah 1, con 600 MWac, y Al Shuaibah 2, con 2.060 MWac. Esa segunda unidad ha sido presentada por PIF como una de las piezas que empujan la capacidad solar saudí a una nueva dimensión regional, y durante 2026 sigue siendo una referencia obligada para medir la evolución del mercado.

Ar Rass 2 ocupa un lugar parecido. ACWA Power lo sitúa en 2.000 MWac y lo describe como un proyecto en desarrollo y construcción en la provincia de Qassim. Al Kahfah, por su parte, añade 1.425 MW bajo un acuerdo de compra de energía de 35 años con SPPC. Junto con Saad 2, Sudair y otros activos de la misma cartera, estos proyectos forman el bloque que ha preparado el terreno para la gran expansión de 2026. Son importantes no solo por el tamaño, sino porque permiten a Arabia Saudí pasar de una fase de promesas a una fase de ejecución sostenida.

Los proyectos más grandes y su peso en la estrategia saudí

Para entender mejor qué plantas están marcando el paso del mercado saudí, conviene mirar juntas las capacidades y el momento en el que cada una pesa dentro de la agenda de 2026.

Proyecto Región Capacidad Situación destacada en 2026
Bisha Aseer 3.000 MW Firmado dentro del nuevo paquete de PPAs de 2026.
Humaij Medina 3.000 MW Uno de los mayores proyectos solares anunciados por el reino.
Khulis La Meca 2.000 MW Parte del bloque fotovoltaico de nueva generación.
Afif 1 Riad 2.000 MW Refuerza la expansión en el centro del país.
Afif 2 Riad 2.000 MW Complementa la nueva ola de gran escala.
Al Shuaibah 2 La Meca 2.060 MWac Referencia regional entre los proyectos en desarrollo.
Ar Rass 2 Qassim 2.000 MWac Proyecto en construcción/desarrollo según ACWA.
Al Sadawi Provincia Oriental 2.000 MW Alcanzó cierre financiero y se perfila como uno de los mayores del mundo.
Sudair Región de Riad ~1.500 MW Hito previo que sigue marcando el estándar del sector.
Al Kahfah Región Central 1.425 MW Planta clave del paquete previo impulsado por ACWA y socios.

Esta comparación deja una idea bastante nítida. Arabia Saudí no está levantando una sola “megaplanta estrella”, sino una familia completa de proyectos de entre 1,4 y 3 GW. Esa repetición de activos gigantes es lo que cambia de verdad la foto del sector. En otros mercados, una planta de 2 GW sería una rareza; en Arabia Saudí, en 2026, empieza a parecer parte del nuevo lenguaje normal de inversión.

Al Sadawi, Sudair y Shuaibah: la base que sostiene la nueva ola

Entre los proyectos que ayudan a dar profundidad a la apuesta saudí, Al Sadawi merece atención especial. Masdar anunció el cierre financiero de esta planta de 2 GW, desarrollada junto con socios internacionales, y la definió como uno de los mayores proyectos solares del mundo. Aunque buena parte del foco mediático de 2026 se concentra en los nuevos contratos firmados por SPPC, Al Sadawi muestra otra cara del proceso: la maduración financiera de proyectos gigantescos que pasan de la promesa al esquema bancable. Eso es decisivo, porque la transición energética no avanza solo con ruedas de prensa; avanza cuando la financiación queda cerrada y la ejecución puede acelerarse.

Sudair sigue ocupando un lugar simbólico y práctico en esta historia. Con una capacidad cercana a 1.500 MW, ha sido presentado como uno de los mayores parques solares contratados del mundo y como la mayor planta de su tipo en Arabia Saudí en el momento de su lanzamiento. ACWA Power y Saudipedia destacan además su capacidad para abastecer a unas 185.000 viviendas y evitar cerca de 2,9 millones de toneladas de emisiones al año. En 2026, Sudair ya no es la novedad, pero sí el precedente que legitimó la siguiente fase. Demostró que el reino podía ejecutar proyectos muy grandes y convertirlos en referencia internacional.

Shuaibah cumple una función parecida, aunque con una dimensión aún más agresiva en su segunda planta. El complejo, situado al sur de Yeda, combina Al Shuaibah 1 y Al Shuaibah 2, y esta última supera los 2 GWac. PIF ha subrayado que Shuaibah 2 forma parte del grupo de ocho proyectos solares que suman 13,6 GW junto con Sudair, Ar Rass 2, Al Kahfah, Saad 2, Haden, Muwayh y Al Khushaybi. Eso permite entender 2026 como la continuación de un corredor inversor que ya venía ganando tamaño desde rondas anteriores y que ahora empieza a consolidarse como estructura nacional.

Más que electricidad barata: industria, red y cadena de valor

La apuesta saudí por la energía solar no se limita a instalar paneles. PIF anunció en 2024 acuerdos con Jinko Solar, Vision Industries y una filial de TCL Zhonghuan para localizar en el país la producción de células fotovoltaicas, módulos, lingotes y obleas, mientras avanzaba también en componentes para eólica. Esa decisión es importante porque cambia la naturaleza del plan. Arabia Saudí no quiere ser solo compradora de tecnología extranjera; quiere ocupar parte de la cadena de valor, crear industria y reducir dependencia en segmentos que hoy dominan fabricantes asiáticos.

Ese movimiento industrial tiene lógica estratégica. Un país que adjudica proyectos solares por decenas de gigavatios dispone de una demanda interna suficiente para justificar la creación de capacidad manufacturera local. Si además aspira a convertirse en un nodo regional de energía limpia, la producción doméstica de módulos y materiales gana sentido económico y geopolítico. No se trata solo de empleo o de sustitución de importaciones. Se trata de capturar más valor dentro de la economía saudí y de usar la transición energética como motor de reindustrialización.

La red eléctrica, por supuesto, es el otro gran campo de batalla. SPA informó que la capacidad renovable conectada a la red debía alcanzar 12.713 MW a finales de 2025 y 20.013 MW a finales de 2026. Ese dato revela el verdadero reto del momento. Instalar plantas es una parte del trabajo; integrarlas en la red con estabilidad, despacho y capacidad de evacuación es otra muy distinta. En un sistema que durante décadas se apoyó en generación fósil gestionable, añadir grandes bloques de fotovoltaica obliga a reforzar transmisión, programación de carga y, a medio plazo, almacenamiento y flexibilidad operativa.

En ese escenario, el desarrollo de hidrógeno verde y de infraestructuras asociadas también juega un papel complementario. El proyecto de hidrógeno verde de NEOM, en el que participa ACWA Power, prevé integrar alrededor de 4 GW de energía renovable combinada entre solar, eólica y almacenamiento. No es un proyecto solar puro, pero sí demuestra que el reino está intentando construir un ecosistema energético en el que la generación renovable alimente nuevas industrias y no solo la demanda eléctrica convencional. Esa lógica amplía la relevancia de la solar saudí mucho más allá del enchufe doméstico.

Qué significa todo esto para el mercado global

La experiencia saudí importa fuera del Golfo por varias razones. La primera es obvia: cuando un gran productor de hidrocarburos acelera la solar a esta velocidad, el debate internacional sobre transición energética se vuelve menos lineal. Arabia Saudí no está abandonando de golpe su identidad petrolera, pero sí está mostrando que incluso una potencia fósil puede usar su músculo financiero para convertirse en actor renovable de primer nivel. Ese mensaje pesa en mercados emergentes que observan el coste de capital, la escala de licitaciones y la disciplina de contratación saudí como un posible modelo.

La segunda razón tiene que ver con el precio. Los costes vistos en varios proyectos saudíes confirman que la fotovoltaica utility scale sigue siendo una de las tecnologías más competitivas del mundo allí donde coinciden recurso solar fuerte, suelo disponible y financiación robusta. Eso presiona a otros países a mejorar marcos regulatorios y mecanismos de compra si quieren atraer inversión comparable. Arabia Saudí no solo compite por producir energía limpia barata; también compite por demostrar que su mercado es más previsible y más ágil que otros destinos de inversión.

La tercera razón es que el reino está usando la energía solar como herramienta de reposicionamiento económico. Para un país que quiere diversificar ingresos, atraer industria y sostener una narrativa de modernización bajo Visión 2030, cada parque solar de gran escala tiene una lectura doble: produce electricidad y produce imagen de capacidad estatal. Eso no elimina las dudas sobre ejecución, plazos o dependencia tecnológica, pero ayuda a explicar por qué la energía solar ocupa hoy un lugar tan central dentro del discurso saudí de futuro.

El horizonte inmediato: de las promesas a la prueba de ejecución

El gran examen para Arabia Saudí no será firmar más acuerdos, sino convertir esta cartera en megavatios operativos, evacuados y económicamente estables. Las cifras oficiales muestran que el país ya ha adjudicado más de 19 GW y que una parte relevante está conectada, en construcción o cerrando financiación. El siguiente paso es mantener ritmo en obra, asegurar la integración en red y evitar que la velocidad de las adjudicaciones supere la capacidad real de ejecución. Esa prueba es especialmente exigente cuando varios proyectos individuales ya se miden en 2 o 3 GW.

Hay además una cuestión de madurez institucional. El modelo saudí funciona porque combina un comprador central fuerte, desarrolladores con espalda financiera, apoyo del fondo soberano y una hoja política bastante definida. Mientras esa coordinación se mantenga, el país seguirá siendo uno de los mercados más observados del sector solar. Si surgen cuellos de botella en red, en cadena de suministro o en gestión contractual, la narrativa podría volverse más prudente. Por ahora, sin embargo, 2026 deja una impresión clara: Arabia Saudí ya no está tanteando la solar, está apostando fuerte por ella.

En términos de contenido, esa es la gran conclusión del año. Los nombres que dominan la agenda —Bisha, Humaij, Khulis, Afif 1, Afif 2, Al Sadawi, Shuaibah, Ar Rass 2, Sudair y Al Kahfah— no son simples proyectos aislados. Forman parte de una arquitectura energética nueva, diseñada para abaratar electricidad, diversificar la economía y dar al reino un papel más visible en la industria global de las renovables. Puede que el verdadero impacto de estas plantas se vea con más claridad entre 2027 y 2028, cuando entren en operación más activos de la cartera reciente. Pero 2026 ya ha dejado algo resuelto: la energía solar saudí ha dejado de ser expectativa y se ha convertido en una realidad de escala mundial.

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