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20 términos solares que conviene conocer antes de decidir

El vocabulario imprescindible para leer un presupuesto solar.

20 términos solares que conviene conocer antes de decidir
El vocabulario imprescindible para leer un presupuesto solar.

Un presupuesto fotovoltaico se lee con el mismo gesto que un contrato: hay palabras que deciden más que la cifra final. Los términos solares que aparecen en una oferta no son adornos técnicos, sino condiciones encubiertas que conviene entender antes de firmar.

Este repaso reúne veinte términos solares agrupados por temas. Unos describen la energía y la potencia, otros los componentes, otros el almacenamiento y unos cuantos el modo en que se mide el rendimiento.

Ficha técnica de un módulo fotovoltaico con sus datos eléctricos
La mayor parte de los términos de un presupuesto se leen directamente en la ficha del módulo.

Energía, potencia y sus unidades

La primera confusión consiste en mezclar energía con potencia. La potencia indica a qué ritmo se entrega o se consume algo, y la energía indica cuánto se ha entregado o consumido en total.

El vatio mide potencia; el vatio hora mide energía. La factura eléctrica suele hablar de kilovatios hora, que son mil vatios hora, y esa unidad permite comparar una producción con un consumo doméstico.

La potencia pico es otra cosa: la potencia que un módulo entrega en condiciones de laboratorio normalizadas. Sirve para comparar módulos entre sí, no para predecir lo que dará el tejado.

Irradiancia, irradiación y horas de sol

La irradiancia es la potencia de radiación que llega por unidad de superficie en un instante; la irradiación es la suma de esa potencia a lo largo del tiempo. Dos lugares pueden tener la misma irradiancia en un momento dado y una irradiación anual muy distinta.

Cuando se habla de horas de sol equivalentes se intenta traducir la irradiación a una cifra comparable. No son horas de luz, sino la radiación acumulada expresada como si el Sol hubiera brillado a plena intensidad.

Esta distinción importa al dimensionar. Una instalación se calcula sobre la radiación que llega a lo largo del año, no sobre la impresión de que en verano el sol aprieta más.

Los componentes del sistema

La célula es la unidad mínima que convierte luz en corriente; el módulo agrupa muchas células y las protege; el conjunto de módulos forma la rama o serie. Cada nivel añade tensión y potencia, y también nuevas formas de fallo.

El inversor transforma la corriente continua del campo en corriente alterna utilizable, y el regulador de carga gestiona la energía que entra y sale de la batería cuando existe acumulación.

Conviene tener presente qué hace cada pieza antes de aceptar que se sustituya una por otra.

TérminoQué significaPor qué importa
MóduloConjunto encapsulado de célulasEs la unidad que se cuenta y se factura
Rama o serieMódulos conectados uno tras otroSu tensión debe encajar con la del inversor
InversorPasa de continua a alternaMarca el rango de potencia admisible
Regulador de cargaControla la carga y descarga de la bateríaProtege el acumulador y alarga su vida
Seguidor del punto de máxima potenciaAjusta el punto de trabajo del campoSin él se pierde producción disponible

Leída así, la lista deja de ser jerga y se vuelve una lista de responsabilidades. Cada término señala una pieza que puede fallar por separado y que, por tanto, debe tener su propia cobertura.

Almacenamiento: capacidad y autonomía

En un sistema con batería aparecen palabras propias. La capacidad nominal describe cuánta carga admite el acumulador; la capacidad útil es la parte que realmente se puede aprovechar sin acortar su vida.

La profundidad de descarga indica hasta qué punto se vacía la batería en cada ciclo, y el número de ciclos describe cuántas veces puede repetirse esa operación antes de que su capacidad se degrade de forma apreciable.

La autonomía es la consecuencia de todo lo anterior: cuánto tiempo puede alimentar el sistema al consumo previsto sin recibir luz. Depende de la demanda, y por eso dos hogares con la misma batería obtienen autonomías muy distintas.

Eficiencia, pérdidas y temperatura

La eficiencia de un módulo es la proporción de la radiación recibida que se convierte en electricidad. Es útil para comparar células, pero no describe por sí sola el rendimiento de la instalación completa.

Entre el módulo y el enchufe se acumulan pérdidas: en el cableado, en las conexiones, en el propio inversor y en el polvo que se deposita sobre el vidrio. El rendimiento global es el resultado de todas ellas juntas.

La temperatura merece un término aparte. Al calentarse, la célula reduce su tensión y entrega menos potencia, de modo que la ventilación de la cara posterior del módulo forma parte del rendimiento.

Palabras de contrato y de garantía

La parte contractual del vocabulario es la que menos se lee y la que más consecuencias tiene. Autoconsumo es la energía que se consume donde se produce; excedente es la que no se consume y se vierte o se acumula.

También hay que separar dos garantías que suelen presentarse juntas. La del producto cubre defectos de fabricación, y la de rendimiento asegura que el módulo no perderá más potencia de la prevista con los años.

Estas son las palabras que conviene exigir por escrito en cualquier oferta.

  • Potencia pico comprometida, con su tolerancia.
  • Alcance temporal de cada garantía, por separado.
  • Tratamiento del excedente y régimen de autoconsumo aplicable.
  • Responsable del mantenimiento y de las revisiones periódicas.
  • Procedimiento previsto si la producción real queda por debajo de la estimada.

Pedir que todo esto conste no es desconfianza: es la manera de que lo hablado durante la visita no se pierda por el camino.

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Conclusión: leer una oferta por capas

Los términos solares que aparecen en una oferta describen tres cosas a la vez: qué se instala, cuánto se espera obtener y qué se garantiza después. Separar esas tres capas evita la mayor parte de los malentendidos.

No hace falta memorizar el vocabulario completo para tomar una buena decisión. Basta con identificar la unidad de cada cifra, saber qué pieza cumple cada función y comprobar qué ampara cada garantía.

Con ese hábito, un presupuesto deja de ser un documento opaco y se convierte en una propuesta que se puede discutir punto por punto.

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